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TAG Heuer Monza Flyback, cincuenta años de velocidad en la muñeca

El TAG Heuer Monza Flyback Chronograph regresa en carbono forjado con movimiento TH20-12 certificado COSC, función flyback y una producción limitada a 500 unidades

TAG Heuer Monza Flyback, cincuenta años de velocidad en la muñeca

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Nacido en 1976 de la relación entre Heuer y el automovilismo, el Monza interpreta hoy su historia con carbono, detalles rojos y cronógrafo flyback

El TAG Heuer Monza Flyback Chronograph lleva el nombre de un circuito, pero sobre todo casi cincuenta años de relación entre relojería y automovilismo. Presentado en 1976, el Monza nunca fue el cronógrafo más discreto de la familia Heuer: el negro, el rojo y una marcada identidad de instrumento ya formaban parte de su carácter original.

La nueva referencia CR5092.FC8372 recupera esos elementos sin intentar reconstruir el pasado. Los traslada a otra época mediante carbono forjado, un movimiento flyback contemporáneo y una construcción que interpreta el concepto de cronógrafo deportivo con materiales y prestaciones actuales.

Monza, un nombre nacido en el circuito

La historia comienza en 1975, cuando Ferrari conquista tanto el Campeonato Mundial de Constructores como el de Pilotos de Fórmula 1 con Niki Lauda. Heuer era entonces socio técnico de la Scuderia y proporcionaba sistemas de cronometraje utilizados en el desarrollo y la actividad en pista.

Al año siguiente llegó el Heuer Monza, creado para celebrar aquel resultado y bautizado con el nombre del circuito italiano donde Lauda había asegurado matemáticamente el título mundial.

También fue un modelo importante desde el punto de vista estético. El Monza introdujo para Heuer una caja con revestimiento negro, acompañada por una esfera oscura, detalles rojos e indicaciones luminosas. Una imagen estrechamente relacionada con los instrumentos de los automóviles de competición de la época y que influiría en otros cronógrafos de la marca durante los años siguientes.

El negro permanece, cambia el material

Cincuenta años después, el color sigue formando parte de la identidad del Monza, pero la forma de conseguirlo ha cambiado por completo.

La nueva caja de 42 mm y el bisel están realizados en carbono forjado, un material que contribuye a reducir el peso y genera una superficie visualmente irregular que puede variar de una pieza a otra.

El grosor alcanza los 15,22 mm, mientras que el fondo utiliza titanio de grado 5 con revestimiento PVD negro. La hermeticidad declarada es de 100 metros.

Es, por tanto, un Monza reconocible por el contraste entre negro y rojo, pero no una simple reproducción estética del modelo de 1976.

Una esfera concebida como un instrumento

La esfera negra mate concentra numerosas informaciones sin ocultar el carácter técnico del reloj.

En el realce conviven una escala taquimétrica y un pulsómetro, mientras que los detalles rojos destacan determinados elementos relacionados con la medición del tiempo. Dos contadores muestran los minutos del cronógrafo y los segundos continuos.

Los índices utilizan Super-LumiNova® blanca y las agujas lacadas en blanco ofrecen un contraste claro con el fondo oscuro.

La estética sigue así estrechamente relacionada con la idea de instrumento, sin reproducir literalmente el salpicadero de un automóvil de competición.

Flyback, cuando no es necesario detenerse

La característica técnica que define esta versión es el cronógrafo flyback.

En un cronógrafo convencional, para iniciar una nueva medición es necesario detener el mecanismo, ponerlo a cero y volver a iniciarlo. Con el flyback estas operaciones se concentran en una sola acción: el cronógrafo vuelve a cero y comienza inmediatamente una nueva medición.

Es una complicación desarrollada para cronometrar intervalos consecutivos y, por tanto, especialmente coherente con un reloj que continúa utilizando el automovilismo como parte de su identidad.

En el Monza, esta función corresponde al Calibre TH20-12 COSC Flyback, un movimiento automático de manufactura que trabaja a 28.800 alternancias por hora, equivalentes a 4 Hz.

Ochenta horas lejos de la muñeca

El TH20-12 ofrece una reserva de marcha de 80 horas. Esto permite dejar el reloj sin utilizar durante más de tres días sin que el movimiento se detenga.

La certificación COSC añade el control cronométrico del movimiento, mientras que la función flyback centra la atención en la medición inmediata de intervalos consecutivos.

No son características que todos los propietarios utilizarán diariamente, pero forman parte de esa relación entre función e identidad que diferencia un cronógrafo mecánico de un objeto simplemente inspirado en el mundo de las carreras.

Una correa que continúa el lenguaje automovilístico

La correa está realizada en piel negra perforada, una elección que recuerda deliberadamente determinados detalles del equipamiento automovilístico tradicional.

El cierre utiliza una hebilla desplegable arenada con doble pulsador de seguridad y revestimiento DLC negro.

Tampoco aquí son necesarios logotipos automovilísticos ni referencias demasiado evidentes. La relación con las carreras se expresa mediante materiales, texturas y combinaciones cromáticas suficientemente reconocibles.

Cincuenta años sin convertirse en vintage

El Monza de 1976 celebraba un momento concreto de la historia de la Fórmula 1. El modelo de 2026 afronta una elección diferente: recordar aquella historia o utilizarla como punto de partida.

TAG Heuer ha elegido la segunda opción.

El carbono forjado, el movimiento TH20-12, la función flyback y las proporciones contemporáneas alejan al nuevo Monza de la idea de una reedición fiel. Permanecen el negro, el rojo, el nombre y, sobre todo, esa relación con la medición del tiempo que pertenece al modelo desde sus orígenes.

La producción estará limitada a 500 unidades.

Tal vez sea precisamente este equilibrio lo que hace interesante al Monza actual. No intenta parecer un reloj de 1976 conservado intacto durante cincuenta años. Prefiere preguntarse qué podría ser el Monza si se diseñara hoy, manteniendo el mismo deseo de hablar de velocidad.

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11 septiembre 2026
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